OPINIÓN | De La Cumbre al precipicio: Abrir espacios para la música chilena sin importar el valor del boleto

A solo 13 horas del inicio de la sexta edición del festival La Cumbre, cuya realización estaba proyectada para el 5 y 6 de octubre en la Complejo Deportivo Patricio Mekis de Rancagua, la Intendencia de O’Higgins no autorizó el evento argumentando que «la productora organizadora del espectáculo no fue capaz de garantizar la seguridad de de las personas asistentes».

Según detalló un comunicado de dicha institución, surgieron a última hora diferencias entre la empresa de seguridad contratada en un principio y la organización, que provocó el retiro del personal de seguridad designado, un asunto que no fue capaz de suplirse. Asimismo, se agregó que «a últimas horas de esta noche (4 de octubre), y un informe redactado por el prevencionista de riesgos a cargo del evento, se informó por parte de este, de otros graves problemas sanitarios y otras problemáticas, que originaron su renuncia y la de otros profesionales vitales en la realización del evento».

No es la primera vez que este festival sufre inconvenientes. Y ocurrió precisamente también con esta sexta versión, que en un principio estaba fijada para el 12 de enero, en el Club Hípico de Santiago. Una semana antes de llevarse a cabo, la producción informó que se trasladaría para el 18 de mayo en ese mismo recinto, apuntando que que se trata de «un festival que ya es patrimonio nacional y requiere de una mejor representación del Estado, de la empresa y del público. Por esto, hemos decidido darles tiempo y que tengan una mejor oportunidad de sumarse con entusiasmo a este hito nacional».

Sin embargo, en aquella fecha tampoco se realizó: Un mes antes anunciaron que se expandería a dos días, postergándose hasta el pasado fin de semana en la Región de O’Higgins. Y como anteriormente se expuso, tampoco se concretó. La tercera no fue la vencida, pero sí el fin, ya que a raíz de esta última incidencia, los principales gestores de esta iniciativa que inició en 2007, Cristián y Juan Andrés Ossandón, optaron por bajarle definitivamente el telón. La Cumbre no irá más.

En una carta abierta, que publicó ADN Radio, señalaron «lamentablemente se ‘nos cayó’ un aporte muy importante en esta última semana, que terminó por sepultar nuestras esperanzas (…) Lo dimos todo, pusimos el corazón entero, todos nuestros recursos humanos y económicos para que esto funcionara. Llegamos hasta el final, el montaje terminado, los artistas probaron sonido, pero… a punto de llegar a la meta, no lo logramos. Y lo perdimos todo».

La Cumbre anuncia su fin tras cancelación: ‘Sucumbimos frente a los eventos gratuitos’

Posteriormente, agregaron que «‘La Cumbre del Rock Chileno’ ha dado muchas alegrías a centenares de músicos chilenos, y a muchos miles de personas que han sido testigos de trozos de historia memorables de nuestra música», esperando que «‘alguien más en el futuro’ abrace esta iniciativa, y la lleve al siguiente nivel, donde nosotros no supimos llegar».

¿EVENTOS DE LIBRE ACCESO O DE PAGO?

Pero lo más insólito de esta declaración, es que una de las razones del fin de La Cumbre fue que «sucumbimos frente a los eventos gratuitos, que fueron socavando las bases de nuestra propuesta (justamente lo inverso, cultivar valor, y estrechar la brecha de percepción entre artistas nacionales y extranjeros)».

¿Son realmente los eventos gratuitos los culpables de esta cancelación? No se podría estar tan seguro. El día de la música chilena, que se extendió por tres días en Santiago, Chillán y La Serena, y que este año coincidió con el fin de semana de La Cumbre, se lleva realizando varios años de manera gratuita convocando miles de asistentes sin mayores inconvenientes.

Bueno, en realidad depende del espíritu del evento y de las estrategias de financiamiento a los artistas y trabajadores del evento, que obviamente se les debe retribuir por sus servicios. Por una parte, intentar dar un primer acceso al público para descubrir más exponentes de la música chilena, o bien, ofrecer una experiencia «más personalizada» a los ya fanáticos para que disfruten de su artista favorito y quizás en el transcurso de la jornada, oír la propuesta de otros.

Ambas son válidas, pero no es casualidad y recurrente que en un mismo año se postergue un evento en tres ocasiones distintas, más aún si las razones entregadas son distintas. Si es un evento gratuito o pagado, se deben de tener en cuenta los riesgos que trae cada alternativa y realizar, además, una planificación previa de los costos y ganancias que traerán, un balance de ventajas y desventajas, entre otros aspectos logísticos.

Por otra parte, la difusión de la música chilena, que tanto ha costado posicionarse entre el público nacional, no se trata de una competencia entre eventos libres o de pago: cada uno tiene su público, su propuesta y cada asistente es libre de elegir la oferta que le parezca más atractiva (y accesible) para sus intereses y gustos. Justamente ahí está la clave del éxito de uno y otro, sin importar el valor del ticket: ¿Lo que estoy ofreciendo es atractivo para el público que quiero llegar? La toma de esa decisión es de exclusiva responsabilidad del organizador.

Lo anterior, sumado, al respeto que debe reinar entre las partes: el trabajo en equipo es fundamental, un buen trato  y el debido cumplimiento de los compromisos garantiza la motivación a hacer las cosas mejor, mientras que condiciones de seguridad óptimas permiten disfrutar de una experiencia única. Si no se logró la meta, es que probablemente algo falló. Y lo más importante de todo: es que cada escenario que se le entregue a nuestro artistas es bienvenido y contribuye de manera positiva al desarrollo y crecimiento de la industria musical chilena, y mientras sean más, mucho mejor.

Al menos, ese es nuestro espíritu como Agenda Chilena: poner en valor el trabajo de nuestros músicos y que a través de nuestro granito de arena, se abran espacio en una escena que aún es muy cerrada y segregada, y que de a poco, y a raíz de diferentes formas de difusión, está aflojando.

Por supuesto, no somos los dueños ni queremos tener el monopolio de la información periodística musical chilena: existen otros tantos medios independientes que persiguen nuestro mismo fin, incluso de manera autofinanciada y sin auspiciadores (aún manteniéndose por años y años), pero que por pasión y compromiso trabajan para demostrar que en el arte hecho Chile también hay talento, calidad y diversidad. Todos aportan desde su visión, que mientras más amplía, abarcará a una mayor cantidad de público.

Sin dudas, La Cumbre, en primera instancia llamada La Cumbre del Rock Chileno, fue quizás una de las instancias más importantes y relevantes de la música chilena, y que con el tiempo se ganó esa condición abriéndose a los diferentes sonidos y propuestas de nuestros artistas, entregando espacio a los emergentes y apostando a la descentralización y paridad de género. Además, fue lugar de grandes hitos como la despedida de los escenarios del gran Jorge González y en el que se le rindió reconocimiento a otros destacados exponentes como Álvaro Henríquez, Cecilia, Los Jaivas y otros que se iban a realizar como a Anita Tijoux y Buddy Richard.

Un evento que cubrimos dos años seguidos y que íbamos motivados por un tercero, porque uno nunca deja de aprender y descubrir nuevas experiencias y puntos de vistas. Con un cartel de 40 artistas, había una riqueza de material interesante, pero que por X motivo tendrá que salir a la luz generando más y mejores instancias de difusión del diamante en bruto que es la música chilena. Todos hemos sucumbido alguna vez ante algo, pero lo importante es levantarse y transformar aquello en una mejor oportunidad y reinventarse. El tiempo lo dirá…

Sobre Miguel Yáñez Hernández 1295 Artículos
Director agendachilena.cl, periodista PUC. Difusor de la música chilena y fanático del fútbol. Busca descubrir cada día historias, personajes, lugares, situaciones y recuerdos. Asiduo a la investigación y estadística.