El cantautor chileno Carlos Cuevas se muestra fiel a sus principios. No ha tenido una carrera fácil en el mundo de la música, a pesar de que ha recibido ofertas formales de productores para que transforme su trabajo hacia un fin más comercial. Pero el artista mantiene su convicción, y prefiere continuar con aquello que siente y lo apasiona, aunque su camino se haga más largo que el resto de sus colegas.

«Mi proceso en la industria ha sido extraño, me cuesta hablar de alegrías, pero es algo que no puedo dejar… Entonces, es algo como una adicción masoquista. Al ser independiente es Chile, es complicado tener una estabilidad y cuando uno trata de que la música sea lo más importante, al final siempre los factores sociales pasan la cuenta», afirma Carlos Cuevas en entrevista exclusiva con agendachilena.cl sobre una realidad que también se aprecia en otros ámbitos.

Sus inicios en la música se remontan desde muy pequeño, específicamente mientras aún cursaba el colegio: en el año 1998 grabó por su propia cuenta un cassette que tituló «Bajos de esperanza». Pero fue en 2006, cuando lanzó con todo una carrera artística, realizando discos y todo lo que conlleva su proceso de manera totalmente independiente: en su catálogo se encuentran «Acceso latente» (2006), «Llegaré más allá», «Fantasía real» (2010), «Espectro» (2011), «Tormenta maestra» (2013) y «Cronomantra» (2014), el cual le ha traído sus mayores satisfacciones.

Carlos, cuéntanos cómo ha ido evolucionando tu música en estos diez años… 

Al principio hablaba de amor, tenía un tema de fetiche con eso, típico de romanticismo. Con el tiempo, se fue oscureciendo mi música por un tema netamente personal: Tuve una parálisis del sueño en donde pensé que había sido poseído por un demonio, y comencé a componer sobre espectros, luego de una especie de revelación. Lo que se escuchaba antes era un poco insulso, porque probablemente no decía lo que yo sentía, pero que quizás sí podía gustar.

Al encontrarme con esa situación, salió mi disco «Espectro» y el single «Todo»… eso ha marcado mi camino. Después de un tiempo, perdí a varios familiares cercanos, y eso aumentó más mi lado oscuro. Mi música supone una plegaria a una persona que ya no está… hablo mucho del límite, de la tragedia, que ya no queda nada o simplemente de lo equivocados que estamos como seres humanos. Perfectamente podría hablar de un día despejado o de un sol brillante, pero eso no me cautiva, porque todos ya lo han dicho.

En «Danza», uno de tus últimos singles, también da la sensación de algo escondido… descríbenos más sobre ella..

Esa canción la hice por mi niñez, al alma infantil interior que tiene uno. Muchos, al escucharla, creen que va dedicada al amor de una niña, de bailar con el sexo femenino. Pero no, busco desatar ese sentimiento de ingenuidad que se va quedando dormido. Hablar de lo que está escondido es lo que me motiva, porque es ahí cuando uno siente que las canciones son reales. Yo siento que cuando a uno no le da miedo decir algo en una canción, es lo correcto… porque ya te encontraste contigo mismo.

El año pasado, diste un importante paso en tu carrera: incluiste banda en tus presentaciones, formaste un alianza con un colega y a principios de este, llegaste a tocar en la Sala SCD…

Ha sido un logro al esfuerzo colectivo. Con Juan Pablo Espinosa (con quien generó una alianza en sus conciertos en vivo) no tenemos ni un lazo con nadie, ni un pituto, ni un conocido. Todo lo que logramos es por cada uno… ni siquiera tenemos manager, somos nosotros mismos y la música.

La alianza es más que nada para potenciarnos como cantautor, porque es difícil convivir con alguien que tiene otra propuesta. Aun así, siento que la independencia nos unió más que la música de cada uno, porque con Juan Pablo no tenemos ninguna temática en común. Él es un músico imperfecto, en el buen sentido, porque tiene bordes ásperos y no es digerible fácilmente, no tiene miedo y es capaz de todo… y yo me siento identificado con eso. No sé que tanto éxito podamos tener; sin embargo, Juan Pablo lleva menos tiempo y en algo le he ayudado a su crecimiento, mientras que él me ha traspasado sus ganas.

Al pensar que puede haber un colega que tenga una intención similar a la mía, no cuesta mucho ponerse de acuerdo para hacer algo, pero también sé que en algún momento esa alianza tiene que seguir por un camino distinto, con otras pretensiones.

¿Cómo fue el proceso de seleccionar a los músicos que te acompañarán a cada uno de los shows en vivo?

Son músicos con los que toqué anteriormente en una agrupación que teníamos, los conozco desde hace mucho tiempo… Mis canciones se los presenté a ellos antes de grabar mis discos: No tuve buena acogida y me fui de la banda, para empezar un camino en solitario. Ahora es irónico, porque son ellos los que me acompañan en mis canciones, siendo que cuando estábamos en banda no lo hacían.

Yo creo que eso último se debió a la inexperiencia, el hecho de tomar las cosas con inmadurez, por un tema de ego y querer que todo lo nuestro suene. Ahora somos adultos y nos damos cuenta que todo es cosa de apoyarse. Igual es complicado, porque yo siempre he estado solo en el escenario y ahora no todo depende de mí… tengo que estar atento a ellos también, porque son parte de mis canciones. Es lógico que debo hacerlos parte.

¿Y cuál fue la necesidad de incluir una banda a tus presentaciones en vivo? ¿Cómo se gestó todo esto?

Los llamé desesperadamente (ríe) y les dije que los necesitaba, porque se venían desafíos a los que no podía pararme solo en un escenario importante. No es porque no pueda, sino porque siento que puedo entregar las canciones de un modo orgánico más que como una pista grabada. Me dí cuenta que las canciones no necesitaban tanta instrumentalización, sino que un proceso de encontrar la fuerza de cada uno.

Foto: Facebook

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Te ha costado hacerte con un lugar en la música chilena, ¿cuál es tu análisis sobre la industria?

Siento que ahora hay un poco de espacio, pero siempre ha sido elitista. O sea, aquí en Chile la música la maneja sólo un puñado de gente, que los conozco y que me conocen. Pero en el fondo, uno tiene que tener un nexo con esa gente; entonces es difícil lograr algo que tenga una fortaleza de difusión.

Si me preguntas por la escena musical chilena, creo que falta algo de sangre. En el sentido en que hay demasiada camaradería, hay demasiada buena onda con todo el mundo, y yo siento que el artista no deber ser así: tiene que tener envidia, sangre, pasión y quererlo lograr todo. Entonces, cuando veo cantautores que tienen buenos deseos con todo el mundo, me cuesta creerles, porque están haciendo relaciones públicas. Yo quiero un rockero, un tipo que sienta pasión, que envidie algo y quiera conseguirlo, no un tipo que quiere quedar bien porque está al frente de una cámara.

A pesar de eso, sigues con todo haciendo tu música, aunque sea por amor al arte, como mencionaste anteriormente…

Yo tomé la decisión de equiparme personalmente y grabar todo en mi casa. He invitado músicos también, que han tocado en los discos, pero el control básicamente lo tengo yo y eso quizás me ha jugado una mala pasada. Si hablamos de tener música a nivel de público y difusión, además de un productor, no he contado con esa entrada que tienen todos los músicos, que los graba un sello, los producen y los presentan. Eso ha sido para mí lo más complicado. Pero a nivel creativo, ha sido muy fácil, porque yo llevo el control: decido lo que suena y lo que no; obviamente que también me equivoco.

Yo sé que probablemente en mis trabajos hay puntos altos y puntos bajos, pero todo ha sido parte de un proceso y siento que lo que he hecho ahora último tiene harta fuerza. Los singles de “Cronomantra” han sido bastante terminados y bastante definidos como canción completa; entonces esa soledad me ha hecho encontrar la fortaleza y que probablemente uno no la encuentra cuando está cuidado por un productor.

Para finalizar, coméntanos tus proyecciones…

Seguir con esto hasta que me muera. Desde chico pensé que iba a lograr grandes cosas, pero quizás eso tenía que ver con un tema personal. Mi proyección cercana es tratar, si es que la suerte mediática cambia, seguir firme a mis principios. Prefiero morir así como estoy, que tener que remezclar un tema para hacerlo más comercial.

Quiero que tocar en vivo sea novedoso, y eso es mi mayor desafío, más aun teniendo una banda. La idea es seguir aprendiendo. Sigo siendo un tipo triste, emocional, con esperanza y quimia. Mi desafío de tocar en la SCD (20 de enero) fue la primera vez que estuve nervioso, porque me hizo sentir que es algo que vale la pena. Soy un poco mecánico en mi trabajo y sentí que allí podían pasar muchas cosas.

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